Estamos en un momento de cambio cultural. No de pequeña transición o paso de microtendencia, sino un giro social, cultural y económico que se lleva anunciando tiempo atrás pero que ahora está tomando forma en todos los campos.
La motivación principal de este texto es explicar el porqué del auge de la espiritualidad en nuestra época; cómo se puede explicar a través del momento social, económico y cultural que estamos viviendo, por un sentir concreto de nuestra época y no porque Rosalía haya sacado un disco con la religión como tema principal. Creo que es algo que lleva años gestándose y que ahora empezamos a ver de forma más macro. Y creo que es algo que tiene que ver con 3 preguntas
- ¿Estamos cada vez más concienciados con el cambio climático?
- ¿Nos sentimos indefensos y con pocas herramientas para hacer frente a la precariedad material del capitalismo tardío?
- ¿El individualismo que promueve el neoliberalismo nos ha llevado a volver a poner lo espiritual y la religión al centro de nuestras vidas?
Bueno, qué tal. Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Todo va muy rápido y en cuanto quieres escribir algo ya han pasado 5 meses. Hoy vengo con algo un poco diferente, si bien en los últimos años me he dedicado a intentar analizar pequeños temas y fenómenos de la cultura popular a través de la Filosofía hoy vengo a aventurar reflexiones e ideas sobre un cambio cultural que llevo viendo en los últimos meses; y esto es algo que no suelo hacer -porque las teorías nunca consiguen definir con precisión aquello que pretenden comprender y porque es bastante más pretencioso tratar de explicar el supuesto cambio cultural de una época-. Pero aquí estamos. (a lo mejor me arrepiento de todo lo que digo a partir de ahora, pero vaya, el pensamiento es esto también).
Imagino que en cierta forma voy a estar presentando temas que posiblemente desarrolle en futuros vídeos, porque al final hoy intento hacer un análisis muy macro y quedarán un montón de detalles e ideas fuera. Y porque creo que aquí me estoy aventurando a señalar un cambio de época (subtil) y aún no he leído suficiente sobre el tema.
*Sí, aquí os dejo la primera parte del último guión!
¿Qué pasa con la materialidad?
Empezamos con un poco de dramatismo, cambio climático, colapso y apocalipsis. Chill, en estos meses no me he convertido a ningún movimiento sobre el fin del mundo ni me he construido un búnker para sobrevivir al Armageddon (aún). Pero sí que es cierto que en los últimos años hemos ido tomando más y más conciencia sobre la finitud de los recursos naturales de nuestro planeta. ¿Estamos ante el fin del mundo material que permitió la proliferación a escala industrial de productos y más productos?
Ya hace años que hay muchas voces que vienen avisando de esto. Y es ahora mismo estamos dentro de un sistema económico (capitalismo) que empuja a las empresas a prosperar a través de la producción de nuevos y más productos bajo la idea de un supuesto progreso tecnológico. Como decía, hay muchas voces señalando que este crecimiento exponencial en el que se basa el capitalismo no puede seguir así, el progreso infinito no es posible porque hay un límite que es el mundo mismo. Y es que la comunidad científica ya lleva unos años alertando sobre el agotamiento de recursos naturales: ya sean combustibles fósiles que usamos para nuestros medios de transporte y para generar energía, o bien de piedras y tierras raras (de difícil obtención) para la producción en masa de teléfonos, ordenadores, tablets, etc. Esto por el lado de si solo pensamos en la materialidad del mundo, pero claro, detrás del extractivismo de todos los elementos que componen la tecnología contemporánea, se esconden prácticas esclavistas que no han cambiado ni un ápice desde la colonización. Aunque bueno, en esta primera sección me quería centrar más en la parte material.

Son muchos los autores que ya parten en sus textos de la irreversibilidad del cambio climático en el mundo y, más que pensar en si hay futuro o no, pensar qué hacer con el caos que está por venir. Esto mismo anunciaba el filósofo Kohei Saito con el avance de su próximo ensayo, donde hablará de su idea de ‘Dark Socialism’, socialismo oscuro; no como punto de vista pesimista de que la emancipación de la clase trabajadora ya no es posible, sino frente a la consecuencias del cambio climático cómo se debe reajustar una propuesta política de izquierdas que dé respuesta a los problemas contemporáneos (que si bien Marx pudo anotar en sus libretas hacia el final de su vida como estudió el filósofo japonés, no pudo dar cuenta de qué situación estaba por venir). Os lo explico un poco corto y mal, pero lo que comenta Saito es que en sus últimos 15 años de vida, Marx estuvo leyendo mucho sobre estudios naturales y sobre culturas y comunidades de fuera de Europa, y en lo que se ha editado como MEGA (estas libretas con sus lecturas e ideas) se ve que Marx tuvo un giro hacia un protoecologismo al escribir que la producción dependía de la extracción de recursos naturales que sería, en última instancia, un robo a la naturaleza. Algo que desajustaba un poco su teoría sobre la toma del control de los medios de producción y hacer la revolución a través suyo, ya que la maximización de las fuerzas de producción no sería sostenible. Hoy no vamos a explicar Marx, pero lo tengo apuntado para más adelante.
El caso, cada vez más pienso que nuestros feeds en redes con la proliferación de anuncios de productos, hauls de Ikea y el gorro-bufanda que es última tendencia están empezando a colapsar el espacio digital. Ya no son solo personas con muchos seguidores quiénes posicionan productos sino personas mas cercanas, con una audiencia que las lee como amigas que recomiendan de ‘verdad’, lo que no hace más que saturar los espacios digitales con mierda. Aunque es difícil convencernos de que hemos tocado techo con el consumismo propio de las últimas décadas, creo que ya hemos superado la fase en que se veía la capacidad de comprar muchas cosas nuevas cada semana como algo deseable y aspiracional, algo que no podían hacer nuestras abuelas que vivieron la posguerra y la dictadura.

En la última década hemos vivido la capacidad de comprar y elegir aquello que queríamos como forma de libertad y de definirnos a nosotros mismos. Y es que este basar identidades en productos adquiridos es algo que vemos que empieza a tocar a su fin, no porque se termine el mundo material y estemos más concienciados que nunca con el cambio climático, sino porque se está sofisticando la construcción de identidades online (porque el dinero ingente que entra de anunciantes se ha tenido que sofisticar). Pero esto lo recuperamos un poco más adelante, antes, quería indagar en esta idea del fin del mundo que lleva siglos en el imaginario popular (si es que no ha estado ahí siempre).
(segunda parte en la próxima newsletter:)


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