El auge de la espiritualidad

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Bien, llegamos ya al tema central de este vídeo ensayo. ¿Por qué este giro hacia la espiritualidad en nuestra época? ¿Por qué después de años perdiendo feligreses hay más gente yendo a misa?

La cuestión de la espiritualidad en una época de estados laicos es algo que se viene analizando desde hace décadas; desde la separación de poderes del estado y la iglesia, pasando por Nietzsche y su texto sobre la muerte de Dios y el secularismo (la separación de la religión de los asuntos cívicos del Estado y la gestión de los asuntos humanos a través solo de principios derivados del mundo material). También tenemos muchos de autores que han analizado si en vez de dejar la religión no lo cambiamos por otras cosasque ahora ocupan el sitio de la fe como el culto a uno mismo, o bien hemos ocultado esa pulsión de saber sobre si hay un más allá a través del consumismo propio del capitalismo.

Sobre este enfoque quería recuperar un artículo de Pasolini sobre un anuncio de unos tejanos que generó mucho revuelo en la Italia de la época, en los años 70. Pero en vez de ser un anuncio que jugaba con las proclamas de raza superior del anuncio de Sydney Sweeney, hacía mofa o reubicaba la iglesia en otro sitio del que había ocupado durante la dictadura fascista. Para Pasolini este anuncio era una muestra de que “la religión está agotándose como autoridad y forma de poder, y sobrevive como un producto natural de enorme consumo y una forma folclórica aún aprovechable.”

Y su argumentación sigue para decirnos que:

«el eslogan de esos tejanos no se limita a comunicar la necesidad del consumo, sino que llega incluso a presentarse como la némesis –aunque inconsciente– que castiga a la Iglesia por su pacto con el demonio.»

El fascismo de Mussolini o el de Franco en España. En su época los magistrados y la policía se encargaron de arrancar de las paredes ese cartel y ese eslogan, pero el imaginario que tenía detrás marcaba lo que estaba por venir: su espíritu es el nuevo espíritu de la segunda revolución industrial y del consiguiente cambio de valores.

Pasolini escribió este artículo en 1973, augurando el cambio que el capitalismo y el consumismo llevaban en sí un cambio en nuestros valores, y ahora nos abrimos otra vez a un nuevo giro con la gente que está volviendo a ir a misa; el porcentaje de practicantes que había ido menguando parece que vuelve a aumentar (ojo con el dato este de que han doblado feligreses, porque parten del dato de julio del 2020, con las restricciones de la pandemia, que estaba todo a la mitad del aforo habitual). Pero no es que la iglesia haya recuperado su estatus de poder de la mano del estado que tuvo durante épocas pasadas, sino algo distinto que se puede leer desde el contexto contemporáneo.

Cómo explicábamos en el apartado anterior, vivimos un momento que es muy consciente de todo lo que acontece a escala global: las guerras que siguen sucediendo en diferentes sitios del planeta, la escasez de recursos naturales para mantener el actual nivel de producción, los efectos de la industralización en las últimas décadas con el cambio climático, etc. Realmente estamos ante un mundo complejo y difícil de comprender y cuando los referentes políticos y sociales nos fallan para explicar y entender qué ocurre, parece cada vez más común el repliegue hacia referentes espirituales o un giro escapista de la realidad para intentar dar sentido a nuestra vida.

Me parece que es un fenómeno que resulta más escalable cuanto más individualista sea el modo de organización de la vida. Y esto es lo que hemos estado viviendo en los últimos años con los modelos que vendían la meritocracia. Modelos que nos llevaban a competir por mejores notas, becas y sitios de trabajo. Vivimos una época que promueve el individualismo, el: consíguelo tú mismo. O bien un: crea tu propia identidad distinguible del resto. Sobresale entre la masa. En muchos vídeos en este canal ya hemos visto que realmente toda esta ideología nos lleva a terminar haciendo las mismas cosas porque solo usamos unas redes sociales con algoritmos que terminan haciendo viral aquello que gusta a más gente; disminuyendo así nuestros referentes y, por ende, haciendo más pequeño el mundo. Paradójicamente, aunque estemos ante una producción en masa de individualidades muy parecidas, aún prevalece la ficción del individuo frente a la masa. Del yo en busca de distinción. Es importante que no seamos todos una masa uniforme, como decía Hannah Arendt, hace falta que la gente pueda ser diferente para que haya una comunidad, pero como decíamos, no somos tan diferentes si terminamos emulando una serie de patrones similares. Aunque para mí este no es el mayor de los problemas, sino que toda esta autodefinición está perdiendo el retorno a la comunidad. El yo se distingue pero parece que ha olvidado que pertenece a una sociedad de la que participa y se beneficia. Y así es cómo me parece más fácil entender el retorno de cierta espiritualidad y misticismo en nuestra época: nos giramos hacia ideas trascendentales para la propia salvación (es lo que hay, culturalmente este es nuestro marco, por lo que es normal que se esté dando de esta forma), y en muchos casos, este giro hacia alguna otra cosa es fácil que caiga en una forma de autoayuda si no tiene un retorno con el mundo. Por lo que me aventuro a decir que parte del auge de la espiritualidad de nuestra época es más bien un seguir una luz en medio de la oscuridad, un sitio dónde agarrar nuestros yos individuales y salvarlos del colapso.

Pero, ¿qué otro tipo de espiritualidad existe? ¿Qué es el misticismo y cómo lo hemos visto a lo largo de la historia? Sobre este tema creo que querré indagar más en el futuro, ahora escribo desde las herramientas que ya tengo, pero en los últimos años ha habido mucha gente hablando sobre este tema, sobre todo, de la figura de las mujeres místicas. De ello habló ya hace un tiempo Victoria Cirlot, también lo hizo mi amiga Angela Vicario en numerosos vídeos y recientemente en su maravilloso ensayo, Carmen Urbita y Ana Garriga lo abordan en su pódcast Las hijas de Felipe (y próximamente nos llegará la traducción de su primer libro), la editorial Wunderkammer publicaba en noviembre ‘Místicas’ de Begoña Méndez y filósofas como Georgina Rabassó llevan años trabajando sobre el tema. Así que espero poder hacer una pequeña introducción a un tema anchísimo y muy fértil para el pensamiento y la imaginación de otros mundos posibles.

(la próxima semana penúltima entrega con el misticismo).

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